9 DE NISÀN
TRAS LA PUESTA DEL SOL (9 DE NISÀN)
Marcos 14:3-9
Un hombre de Betania, llamado Simón, invita a Jesús y sus compañeros, incluido Lázaro, a cenar en su casa el sábado. Simón es conocido como “el leproso” porque quizás tuvo esa enfermedad, y Jesús lo curó. Marta, tan trabajadora como siempre, sirve a los invitados. En cambio, María da una atención especial a Jesús, lo que provoca una discusión.
María abre una cajita o frasco de alabastro que contiene “una libra de un aceite perfumado muy caro, de nardo puro”. El valor de este aceite (300 denarios) equivale aproximadamente a la paga de un año entero. María derrama el aceite en la cabeza y en los pies de Jesús, y luego se los seca con su cabello. El aroma inunda toda la casa.
Al ver esto, los discípulos se enojan y preguntan: “¿A qué viene este desperdicio de aceite perfumado?”Judas Iscariote se queja: “¿Por qué no se vendió este aceite perfumado por 300 denarios y se dio ese dinero a los pobres?” Pero no dice eso porque le importen los pobres, sino porque está robando de la caja del dinero que tiene a su cargo.
Sin embargo, Jesús sale en defensa de María y les dice: “¿Por qué quieren causarle problemas a esta mujer? Ella ha hecho algo muy bueno por mí. Porque a los pobres siempre los tienen con ustedes, pero a mí no me van a tener siempre. Cuando ella me puso este aceite perfumado en el cuerpo, me estaba preparando para mi entierro. Les aseguro que, en todo el mundo, en cualquier lugar donde se prediquen estas buenas noticias, también se contará lo que hizo esta mujer, y así será recordada.”

Comentarios
Publicar un comentario